El aroma de los cítricos se debe a las glándulas de aceite de la piel y a las gotitas de aceite de las vesículas de jugo, siendo muy diferentes entre sí: las vesículas poseen más aromas frutales mientras que los de la piel más herbáceos y cítrico-picantes. Por esta razón, en la elaboración de los zumos naturales industriales, agregan también aceites de la cáscara para reforzar su sabor. Estos aceites son fácilmente extraíbles si se dobla la cáscara, reventando las glándulas que lo contienen y disparándose en el aire en forma de chorro visible y aromático… ¡e inflamable!
La lima es el fruto más ácido de todos los cítricos. Sus aromas a pino, flores (lila) y especias son provocados por los terpenos. Estos hacen que se conviertan en los miembros más duros y penetrantes de la familia. Por ello son utilizados en la elaboración de los refrescos de cola para dar contraste al dulzor del caramelo, la canela y la vainilla. Pero aunque posean esa contundencia también aportan delicadeza cuando aparecen con hierbas aromáticas como la albahaca, o un aporte casi musical cuando acompañan al cilantro en un ceviche por ejemplo, un plato a base de tiras de pescado o marisco crudo macerados en zumo de lima y mezclados también con cebolla roja picada y ají amarillo en muchas de sus interpretaciones. 



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