
El eugenol es un antimicrobiano natural y tiene la particularidad de entumecer las terminaciones nerviosas, por lo que es empleado en productos dentales.
Las características de su aroma lo hacen muy apropiado para infinidad de platos: alrededor del mundo se emplea para dar sabor a platos de carne pero en Europa es utilizado principalmente en los dulces.

Las coincidencias aromáticas en el clavo son fáciles de identificar ya que tan solo contiene eugenol como agente aromatizante y no una suma de compuestos como le ocurre a la mayoría de especias. Estas coincidencias nos las encontramos en la albahaca, en los tomates y en las barricas de roble francés que se utilizan para envejecer el vino. Tal vez el eugenol sea el culpable de aportar matices balsámicos a los vinos con crianza en esta variedad de madera, tal vez. Lo que sí me sorprende es que el clavo, y más en particular el eugenol, es uno de los elementos que el proceso del ahumado imprime a los alimentos. La diferencia entre el ahumado y el aporte de clavo a un plato es que el primero impregna cada ingrediente y el segundo, el clavo, mantiene los sabores separados. Esta es la cualidad que muchas veces se busca en él: concentra el sabor, le da oscuridad, escolta para dar firmeza a cada ingrediente y demuestra su equilibrio aportando una calidez excepcional entre el amargo y el dulce.
¡Salud!

